Doscientos sesenta
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Este año iniciaba con mucho optimismo, pero en 3 meses todo se ha venido derrumbando uno a uno. Mi situación como profesor está en riesgo, si no es que ya fue; la relación con mis clientes principales se ve compleja, no he podido avanzar en mis temas con el doctorado y varios planes siguen detenidos y deteriorándose, y logré que una de mis socias se molestara conmigo. La situación en general es grave, o al menos eso creo yo; siento que estoy tratando de rescatar todo lo que es importante y, por más que lo intento, se me escapa, todo se me escapa. Me duele pensar que, por mi culpa, dejaré de ver a mis estudiantes. Hace unos días, unos de la clase anterior me pidieron que los dejara entrar a ver mi clase otra vez, a repetir y a cubrir una que nunca pudieron tener. Me decían que mi clase se había convertido en un refugio dentro de todo lo que ellos vivían. En su momento, les confesé que para mí también lo había sido, que sus participaciones en la clase me habían motivado para esforzarme aún más y darles lo mejor que tuviera. Incluso ahora que mi clase peligra y me fue asignado un profesor adjunto, me comentaba que no daba cabida a lo bien hecha que tenía la clase. "Siento que estoy aprendiendo un montón", me dijo, y lo único que pienso es que al menos en esto pude ser bueno, que finalmente pude regresar algo de todo lo que he recibido, que existe algo para lo que verdaderamente soy bueno.
Me he sorprendido a mí mismo refugiándome en el aula de trabajo de los estudiantes; a veces me he quedado más tiempo del que debería ayudando a resolver las dudas de sus otras materias, incluso de otros semestres. Es ahí donde también encontré refugio en mis compañeros profesores, que me han extendido la mano sin dudarlo. Me da tristeza que todo esto termine y quizás no pueda recuperarlo; me enoja que sea mi culpa y me desespera que parezca como si no pudiera hacer nada para evitarlo.
Llega ese momento de profunda reflexion y de lucha contra la absurda soledad que esta epoca provoca, se perfectamente que es una ilusion, pero que ilusion tan mas potente. Con todo lo que ha pasado en los ultimos 6 meses, me propuse hacer de todo a mi alcance con tal de evadirme de la realidad, sali a mi cafe favorito con la esperanza de provocar un encuentro fortuito, algo, cualquier cosa que me sacara de la ineludible realidad, antes de eso tuve que resolver algunas cuestiones de trabajo, lo normal, entre ellas una informacion pendiente para una cotizacion. Habia pospuesto esa cotizacion por que se atravesaron las fiestas, pero ya habia pasado tiempo suficiente me convenci a mi mismo, es un dia laboral despues de todo, lo que no me esperaba fue su respuesta, una que podria haber provenido de hace 5 o mas años, como si estuviese congelada en el tiempo, en ese instante, recordo que fecha era, dijo las palabras, se equivoco de dia, como era de esperarse, pero le dije que estaba a tiempo, fue cuando me propuso pasar la tarde haciendo pasta, desde cero, no pude negarme.
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Llegó el día, defensa de tesis, el trabajo de todos estos años junto con las alegrías, tristezas, victorias y sacrificios; todo se condensa en un último esfuerzo, un último estirón, un último desvelo. Pasé la noche entera sin poder dormir, intentando concentrarme en lo que tenía que exponer, las correcciones y todo lo que ha pasado en estos últimos años desde que entré a la maestría. Creo que la mayor sorpresa ha sido lo bien que me desempeño en este tipo de labores; investigar es divertido, incluso más que diseñar o proyectar. Bien decía el libro de metodología de investigación que "investigar suele ser un trabajo del más alto grado de creatividad" y ahora realmente lo veo; en una etapa de mi vida profesional en la que me siento de alguna manera realizado/estancado, la investigación ofrece un seductor escape hacia un mundo de creatividad pura. En la mañana, mientras me preparaba para ir al examen, recibí una extraña intervención, pero no tenía tiempo para atenderla; supongo que ya habrá tiempo. Llegé temprano a la universidad y me dispuse a preparar la sala. Varios pensamientos invadieron mi cabeza, primero que definitivamente no había llegado hasta ahí yo solo; será la suma de mucha gente depositando sus sueños y esperanzas; lo menos que puedo hacer es regresarlo con mi esfuerzo. Nunca fui un estudiante sobresaliente; sin embargo, en la maestría lo encontré sumamente sencillo, salvo por un par de materias que eran particularmente complejas, pero que me abrieron la mente de una forma inesperada; el resto fue fácil. Que la investigación resulte ser mi área sería un descubrimiento verdaderamente agradable; no me molestaría para nada dedicarle un tiempo de mis días a encontrar algo nuevo. Inicié la presentación, un tanto nervioso, un tanto torpe; pese a haber expuesto esto varias veces, me sentía oxidado, fuera de mi juego; todo lo ocurrido en la mañana me estaba afectando. Poco a poco fui tomando compostura; lo que en todos estos años nunca me había fallado, el tiempo, esta vez se me salió de control. Como pude, resolví llegar a las conclusiones y terminar de forma decorosa, sin que se notara mi prisa por compensar el tiempo. El momento de la deliberación o de-liberación, como me gusta decirlo, fue justamente eso. Tomé uno de los sofás de la sala de espera y me quedé dormido, soñando cosas que inevitablemente olvidé cuando, al cabo de lo que me pareció un breve pestañeo, pero que en realidad fue una enorme deliberación, fui convocado de vuelta, me hicieron rendir protesta y en ese momento dijeron algo que no me esperaba. Suma Cum Laude Cuando cursé la licenciatura, más que disfrutarla, fue sobrevivirla; por 5 largos años sentí que no podría y que no era lo bastante bueno. Luego de casi 15 años trabajando, al fin me siento un profesional competente y disfruto del reconocimiento que mis clientes me han otorgado; no necesitaba más, pero que en una maestría haya logrado borrar esa mancha de lo accidentada que fue mi licenciatura, para mí supone un antes y un después; es un logro del cual me siento muy orgulloso; no sabía que era capaz de algo así. Ahora siento la necesidad de probarme a mí mismo, de saber cuál es realmente el límite de mis capacidades; se lo debo a toda la gente que me ha apoyado todo el tiempo y me lo debo a mí mismo.
Tras mucha deliberación, decidí tomar cartas en el asunto, decidí buscar el consejo de K, K es la persona más inteligente que conozco, tanto que me asusta porque me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo. Cuando concluyo lo mismo que los demás, sentí un gran alivio porque una vez más mis instintos están en lo cierto, pero K tiene la cabeza fría, y eso es justo lo que necesito en este momento porque es de lo que más carezco. Revisamos el speech punto por punto, cada palabra meticulosamente estudiada, y cuando tuve que recitarlo, fluyó como rayo láser quirúrgico, aunque se trate más bien de una plegaria. El receptor lo entendió todo, sabía que yo sabía lo que sabía; quizás entendió un poco cómo me sentía, porque tras entregar el mensaje, intentó consolarme, me agradeció el gesto, me dio la bienvenida siempre. Me despedí advirtiendo que no debían tomar mi mensaje a la ligera, volvió a agradecer y nos despedimos. Y es todo, no puedo hacer nada más, solo queda el aprendizaje de estos ultimos 5 años.
Hoy fue el último día de clases del semestre. Yo no sabía que ya no había listas y pensé que quizá me libraría de dar la última sesión revisando los avances del proyecto final. Pero mis estudiantes me hicieron ver que querían clase. Ya había terminado los temas hace dos semanas y aun así querían más. Saqué lo último que tenía en mi arsenal; realmente siento que he dado todo mi conocimiento —que tampoco es mucho—, y eso me lleva a pensar que debo aprender más, que debo estar a la altura de lo que esperan de mí. Nunca pensé que disfrutaría tanto dar clases. Ha sido una experiencia enriquecedora en todos los sentidos, y más con un grupo tan afín. Llegó un punto en el que hasta me pedían recomendaciones de anime. Realmente el mundo ha cambiado un poco para bien en los últimos veinte años. Al finalizar los temas, les revelé la carátula de mi tesis. Me aplaudieron, pero intenté apagar el aplauso: eso no era lo que quería que vieran. Pasé la página y les mostré la dedicatoria: "A mis alumnos, porque en su curiosidad encontré el sentido de persistir, y en sus preguntas, la certeza de que vale la pena seguir creando". Hubo lágrimas en los ojos de varios, incluido yo. Al encontrarnos la mirada, solo podía apartar la vista para intentar mantener la compostura, conmovido hasta el alma al ver a mi estudiante favorita sonriendo y a punto de desbordarse en lágrimas. Hacía mucho que no tenía una alegría tan grande como el privilegio de haber enseñado a un grupo tan talentoso. Ellos ignoran que, durante estos últimos seis meses de pesadilla, poco a poco se convirtieron en mi motivación, en mi soporte, en lo único que me mantenía en pie. Algunos incluso me dieron obsequios: uno se acercó y me dio un mazapán; otro, despreocupadamente, me regaló un pequeño pato de juguete, como si me invitara a formar parte de su tribu; otra me confeccionó una bolsa de regalo bellamente adornada con un moño blanco y negro —como suelo ir a clase— y un cascabel de sonido hermoso. Dentro, una caja de chocolates, de los cuales ya me he devorado la mitad. Realmente fue un cierre muy emotivo. Me siento orgulloso de haber despertado su curiosidad, y ellos me han llenado de la determinación necesaria para seguir mejorando (determinación es la primera palabra del título de mi tesis). Este debe ser el camino, pensaba mientras recorría el campus haciendo sonar el cascabel, presumiéndole a toda la universidad que tuve el privilegio de darle clase a los mejores. No sé qué ocurra mañana, pero hoy —solo por hoy— pienso que quizá sí podré volver algún día la vista atrás y ver que estos últimos cinco años valieron la pena, que algo bueno salió de esta pesadilla.
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En los últimos 300 días, mi vida ha dado un giro completamente inesperado. Hace poco menos de un año me ofrecieron dar clases en la universidad; una parte de mí quería posponerlo lo más posible para poder resolver mis múltiples problemas uno a la vez; sin embargo, el mundo no funciona así. Al parecer es cierto que cuando se te convoca, no es cuando tú quieres, ni cuando lo esperas, y también es cierto que no es posible negarse. Me asignaron la materia que nadie quiere dar, una metodología cuyo programa es escueto y sin chiste; fácilmente se puede cubrir la materia en 8 clases; yo tenía que cubrir unas 30. Me vi envuelto en una situación bastante incómoda; debo preparar una clase que suele ser aburrida, pero al mismo tiempo, lo vi como una gran oportunidad. No lo pensé y acepté el trabajo sin dudar un segundo; debía resolver un viaje a Veracruz para pasar el cumpleaños de X con su familia. Estaban tan desesperados que aceptaron sin dudar mi petición; ahí empecé a sentir el peso de la responsabilidad. Dando inicio oficialmente a la segunda era del profesor Afiág. Lo primero que me planteé fue hacer la clase más divertida. Analicé los objetivos y me propuse crear una especie de mini cátedra de arquitectura integral. Bendita sea la idea de la libertad de cátedra, porque seguramente más de uno hubiese cuestionado mis métodos para domar a un grupo de cincuenta y tantos estudiantes. Al final del semestre, me gané a varios alumnos, aunque creo que mi saldo fue de un 50/50, nada mal para ser la primera clase que daba en forma en una universidad. Teniendo como referencia solo a mis profesores favoritos, logré que algunos de los estudiantes más exigentes me alabaran la clase e incluso que me aplaudieran al final del curso, cosa que me resultó muy extraña. El segundo semestre ha sido muchísimo mejor; logré mejorar el material y ajusté algunas clases y tareas para hacerlas aún más interesantes. Llegué a tener elogios de varios estudiantes, que mencionan que mi clase es su favorita en lo que llevan de la universidad; en varias ocasiones me preguntan sobre las cosas que me gustan, en dónde encuentro inspiración. Considerando que a la universidad llegan los mejores estudiantes de la región, no puedo más que sentir una enorme responsabilidad por no defraudarlos; no cabe duda de que en estos días tan oscuros en los que se ha perdido tanto y tantas cosas preciadas, han sido uno de los factores que me motivan a continuar. Dentro de 6 meses sabremos si continúo o no dando clases, por lo pronto, a un año de hacerlo, sin querer encontré algo que no sabía que iba a disfrutar tanto, no les mentiré, desde que salí de la universidad, varias personas que me topé en el camino laboral, me hacían comentarios sobre que yo debería dar clases, algo que siempre deseché por dos factores importantes, el primero es que conozco cómo se maneja la universidad y nunca me interesó entrar suplicante por ser arropado, la idea de trabajar gratis con tal de ir subiendo peldaños me resultaba poco atractiva y la segunda es que genuinamente no me sentía capaz de poder enseñar algo útil, aun hoy me siento incapaz de tener el conocimiento que ellos requieren para salir adelante en su vida profesional, pero ahora que estoy aquí, como profesor, me siento obligado a dar absolutamente todo lo que tenga para aportar en algo a la formación de las nuevas generaciones y remediar algo que siempre me molestó, que el talento se desperdicie. El día de hoy vi una leónida; hacía mucho que no veía una estrella fugaz tan brillante; es curioso que en este momento apareciera.
Tan pronto como inició, terminó el semestre. Probablemente fue el más intenso de la maestría, no solo por la cantidad de trabajo, sino también por el desgaste emocional que nos provocó a mis amistades y a mí. Ninguno de nosotros salió siendo la misma persona de este tercer semestre, pero tampoco salimos solos. Con cada desafío, los lazos que nos unen se fortalecieron. Unidos en la adversidad, enfrentamos muchas adversidades personales juntos. Como parte de mi paso por la maestría, se me requirió colaborar con el INAH, y de esa experiencia surgió una amistad inesperada. Conocí a un estudiante de intercambio de Brasil, tras varias largas y amenas charlas, terminamos descubriendo que teníamos mucho en común: desde el rechazo hacia las prácticas mineras hasta la pasión por la fotografía. Hicimos un pacto de usar cámaras analógicas en los recorridos a sitios históricos que realizamos, lo que inesperadamente nos llevó hasta a una cruzada para reactivar un laboratorio de fotografía. Gracias a esto, tuve la oportunidad de revelar mis primeras fotos analógicas. Es curioso cómo, en una época tan predominantemente digital y superficial, la fotografía analógica representa el opuesto absoluto, ya que su producto final es un objeto único e irrepetible, ya sea la foto o el mismo negativo. Esta experiencia ha reavivado mi interés casi perdido por la fotografía y estoy decidido a seguir explorándola. El próximo semestre será uno de despedidas, mi amistad de Brasil llegará a su fin, se marcha en enero y se niega a usar redes sociales, cosa que en verdad admiro, por lo que temía que se pudiera convertir en un recuerdo más, sin embargo, ahora no me importa tanto, ya que si algo aprendí en estos últimos meses, es que "o mundo é um ovo" y estoy seguro de que nuestros caminos volverán a cruzarse.
La primera semana de clases transcurre con normalidad, sin mayores sobresaltos. Aunque no fui llamado para dar clases esta vez, aún mantengo la esperanza de que esa oportunidad pueda surgir nuevamente en el futuro. Por ahora, creo que es importante centrarme en mi maestría y aprovechar este tiempo para avanzar en mi formación. Es una etapa en la que debo concentrar mis energías en el crecimiento personal y académico. Hoy fue un día especial. Tuve la oportunidad de conocer a una persona euskera, y fue una experiencia enriquecedora. Compartimos una charla en la que coincidimos en nuestro rechazo hacia la corona española y el franquismo. No tenía idea de lo hermoso que es el idioma euskera, con su sonoridad única y su rica historia. Fue una conversación que me dejó con muchas reflexiones y el deseo de aprender más sobre su cultura. Por si fuera poco, además, recibimos una excelente noticia: una amiga muy cercana finalmente ha sido seleccionada para recibir la beca, es un logro por el cual ha trabajado incansablemente, y me llena de alegría saber que todos sus esfuerzos están dando frutos. Este tipo de noticias son las que le dan color a los días, recordándome que, a pesar de las incertidumbres, siempre hay motivos para celebrar, como recibir la lluvia en Mal Paso, un lugar que para mí tiene un significado especial. Allí, bajo el manto de agua, reflexioné sobre lo afortunado que soy de vivir estos momentos y de las personas que me rodean. Fue, sin duda alguna, un día feliz, lleno de pequeños grandes detalles que me hacen sentir agradecido. Pensamiento random: Los besos indirectos, esos pequeños gestos que pasan desapercibidos para muchos, tienen su propia magia. Es cuando los labios no se tocan directamente, pero algo en común, como un vaso o una cuchara compartida, lleva un rastro de la persona, la sensación de cercanía, de conexión a través de algo tan sencillo y cotidiano. A veces, esos besos silenciosos dicen más que las palabras, un eco de lo que no se pronuncia, pero se puede sentir profundamente, o es solamente, un consuelo para tontos.
En abril de 2004, hice mi primer blog, un espacio que rápidamente formó parte y ayudó a la creación de una comunidad internacional global. En esa época, los blogs eran bastiones de libertad y creatividad, libres del control corporativo. La web de los 2000 estaba llena de estos santuarios digitales, donde la autoorganización y la autonomía florecían. Los blogs encarnaban el espíritu anárquico del ciberpunk, ofreciendo una red orgánica y viva de conexiones auténticas. El auge de sitios como Facebook y Twitter comenzó a transformar esta utopía digital. Las funciones derivadas y creadas para los blogs, como los fanlistings y el linkeo, fueron absorbidas y trivializadas por estos sitios. Esta transición marcó el principio de la masificación y el control corporativo, diluyendo el espíritu original de los blogs y del internet. Hoy, en 2024, enfrentamos una nueva era de megacorporativización del internet, hoy más que nunca es necesario regresar a los blogs analógicos. Los "neoblogs" pueden emerger como una respuesta a la dominación corporativa, buscando recuperar los valores de libertad y autonomía que los blogs originales ofrecían. Este regreso no es solo nostalgia, sino una necesidad urgente para preservar la creatividad en un mundo digital cada vez más controlado. Volver a los blogs es un acto de resistencia, una declaración de independencia digital en un panorama cada vez más monopolizado. Como dijo William Gibson, "El futuro ya está aquí, solo que no está distribuido uniformemente." En este espíritu, sigamos defendiendo los rincones del ciberespacio que permanecen libres, haciendo de cada blog un faro de esperanza y conexión genuina en un mar de conformidad digital.